
Hubo un tiempo en el que colaborar con Timbaland era como escalar el Everest y mear para abajo. Corría el año 2006 y todos los temazos del momento tenían los tres cuellos de Timbo detrás. Era la segunda vez que el tipo reinventaba el pop, tras habernos dejado muertos en sus colaboraciones con Aaliyah (la broma no es a propósito), y ese pedazo de obra maestra que es Future Sex/Love Sounds provocó un inmediato what-the-fuck que en dos canciones se convirtió en “cómo demonios he vivido creyendo ser feliz antes de escuchar esto”. El manejo de los beats y la precisión de los arregos no se parecían a nada que hubiésemos escuchado antes, dando lugar al género “música que te la pone dura”. Si bien es cierto que la producción vocal se la pasaba por el forro (lo cual es una putada para alguien tan limitado como Justin Timberlake), Timbaland tenía muy claro que la estrella era él, y su increíble sonido era lo que todo el mundo había venido a escuchar. Nelly Furtado pasaba por allí y le tocó la lotería en forma de temazos que ella supo rentabilizar sofisticando su imagen y renegando total de su pasado perroflauta.
La pobre Madonna fue la pringada que salió hecha unos zorros de toda esta moda, pero Timbaland había tenido tantos hits en un año que ni gastarle semejante broma de mal gusto a la reina del pop iba a detenerle. Shock Value fue la confirmación de que a) el ego de Timbaland no podía soportar trabajar en discos que no llevaran su nombre y b) no nos íbamos a quitar a la payasa de Keri Hilson de encima jamás. Tres trallazos increíbles (The way I are, Give it to me y Apologize, a la cual le sobraban 2 minutos pero era una pocholada) confirmaron que el sonido de Timbaland era tan espectacular que podría coger una gallina, producirle una base, autotunear su voz y conseguir un #1 con ella.
Timbaland era el puto amo, sin más, nada parecía detenerle… hasta ahora. Por fin se ha lanzado Shock Value II tras muchos rumores de colaboraciones de estrellas de verdad (Gwen Stefani, Madonna, Christina Aguilera) nunca confirmadas, y al final la participación más lujosa del proyecto es la de Miley Cyrus. Shock Value II es un disco simple y llanamente aburrido, un bucle de sonidos mil veces oídos, sin la más mínima evolución respecto a aquellos hits de 2006. Repetir fórmulas no esta tan mal (¿verdad Lady Gaga?), pero es que encima las nuevas canciones de Timbaland carecen de la potencia de las anteriores, y son como las hermanas feas y recién levantadas de aquellas.
Solo hay un verdadero temazo en todo el disco: Carry out, featuring Justin Timberlake. Porque a Justin no le iba a endosar una mierdaca como a los demás, y le ha dado una canción con mucho rollo, de las de contonearse elegantemente antes de que se te hagan círculos en los sobacos de la camisa, en la que Justin nos cuenta lo bien que folla. Nunca lo dudamos. La frase “do you like well done cause I do it well” nos conquistó de inmediato, al proponer por primera vez la metáfora filete-polvete que a partir de ahora será nuestra ley.
El resto, como decimos, es absolutamente olvidable. Hoy en día colaborar con Timbaland ya no es una suerte sino una putada absoluta, y ahora el marrón le ha caído a Katy Perry.
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